Homenaje a una madre

Si un hijo la abrumaba, no sabía. 
Al principio pesaba lo que un nido, 
lo que una voz, sin voz para el gemido,
 
lo que un perfume en trance de agonía.
 

Luego supo que el hijo nacería,
 
porque miró su seno convertido
 
en un tallo de miel, donde el latido
 
del corazón en leche florecía.
 

Más tarde toda se sintió vencida
 
por su propia cintura -mies crecida-
 
hacia el cielo redondo de su pecho.
 

Y un día casi azul, de madrugada,
 
se sintió por un niño desgarrada
 
sobre el lirio impasible de su lecho.
 

Carlos Castro Saavedra

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