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Anécdota de "Majitus"


Una mujer muy melosa y sensual, me invitó a su apartamento, ya sentado en la sala, me dijo:
-Espérame aqui, papito, voy al baño a asearme un poco, me maquillo, me pongo mi baby doll, luego paso a la cocina y te preparo una bebida afrodisíaca, me meto en la cama y...
Lo único que pude decir, fue:
-¡Yo mejor vengo otro día!... ¡cuando estés más desocupadita!

"Majitus" en tren


Iba yo en tren –de Barranquilla a Medellín– con una borrachera tremenda y con urgencia de llegar a tiempo a mi destino. depronto miré a mi lado y alli estaba una preciosa dama, con unas "pechonalidades", ¡tremendas!, y en sus brazos llevaba un bebé.
Media hora despues, la señora muy tranquila, sacó uno de sus senos y trató de alimentar al niño, pero este no quería y lloraba frecuentemente. La señora, ya desesperada, le grita al niño:
-¡Te tomas el desayuno, o se lo doy a este señor!
Y yo tragaba saliba...
Media hora después, vuelve a alimentar al niño y este con mucho llanto, lo rechaza. La señora le dice:
-¡Bueno... te lo tomas, o se lo doy al señor!
Y yo… tragaba más saliba.
Unas horas después, vuelve la señora a sacar sus preciosos pectorales y el culicagao nada que quería, y ella le dice:
-¡Definitivamente, este desayuno se lo voy a tener que dar a este señor!
Yo –ya desesperado– le grité:
-¡Señora, decídase, pues, si pa’l niño o pa mí; porque yo me tenía que bajar enMedellin, y... ¡ya vamos llegando a Manizales!

¡Ay..., "Majitus"!

Siempre he querido tener un auténtico par de botas texanas, así que cuando vi un par en la tienda las compré y me las puse para ir a casa.
Taconiando orgullosamente entré a la cocina y le dije a mi mujer:
─¿Ves algo diferente en mí?
Ella me miró de arriba a abajo y dijo:
─¡No..., absolutamente nada!
Muy frustado, corrí al baño, me quité toda mi ropa -hasta mis calzoncillos de cabritas-, volví a la cocina completamente desnudo y con las botas puestas, nuevamente le pregunté a mi mujer con voz un poco más alta:
─¿Notas algo diferente ahora?
Ella levantó la mirada y dijo con la mayor indiferencia:
─Mira "Majitus", belleza: ¿cuál es la diferencia? ¡Está colgado hacia abajo hoy, estaba colgado así ayer y estará colgado así mañana!
Furioso le grité:
─Y..., ¿sabes por qué está colgado hacia abajo?
─No..., no tengo idea. -Respondió ella-.
─¡Está colgado..., porque esta mirándo mis botas nuevas!
Sin levantar la vista, ella respondió:
─¡Deberías haber comprado un sombrero, "Majitus", un sombrero!

De compras

En un almacén de ropa femenina:
—Busco un regalo para mi esposa…
—Claro, "Majitus": ¡Tengo unas tangas divinas! Si quiere se las muestro...
—¡Bueno! ¡Pero, primero..., véndame el regalo!

¿Ocupado?

Estaba solo en el apartamento y una hermosa vecina golpea la puerta. Al abrir ella me dice:
─Estoy con unas ganas locas de divertirme, emborracharme y otras cosas más... ¡toditita la noche!, ¿tienes algún programa?
─¡Claro que no!
─¡Qué bueno!... Entonces, ¿puedes cuidar mi perrito?

¡No se oye nada!


Desde los Estados Unidos llamé un amigo en Colombia, y él me dice:
─¡Majitus, amigo mío, qué bueno que me llamaste, estoy en un aprieto y necesito que me prestes 500 dólares…!
─¿Qué me dices? ¡No oigo nada…!
─¡Que necesito urgente 500 dólares!
─Lo lamento, la señal esta muy mala y… no te oigo nada.
De inmediato interviene la operadora:
─¡Señor, Gil, ¡qué raro!, yo oigo perfectamente a su amigo!
─¡Ah… si? ¡Entonces mándele usted ese dinero!

Lo que me pasa


Salí de Medellín a Bogotá y en el aeropuerto entré a un lujoso restaurante, el mesero me dice:
─¿Le traigo la carta al señor?
─¡Cómo así…! ¿acabo de llegar… y ya me escribieron?

Anécdota de "Majitus" ¿Sigues tú?


Mala costumbre familiar en el principio de acción y reacción aplicable a lo de: ¿cuándo te vas a casar?
En mi época de “mozuelo”, mis tías solían acercarse a mí en las bodas, dándome golpecitos en las costillas, me decían:
─¿Serás tú el siguiente…?
Dejaron de hacerlo, cuando yo empecé a hacer lo mismo con ellas… en cada funeral.

Mi anécdota en Boston


En nuestro último viaje a la ciudad de Boston, nos reunimos un grupo de amigos y entre trago y chistes, yo como siempre, fuí muy amable con algunas preciosas chicas que allí llegaban.
Mi señora, poco a poco se fue disgustando y como a las 2 de la madrugada se fue a dormir.
Yo continué disfrutando de la reunión y a las 3 me fui a acostar a la pieza que nos habian asignado.
Al llegar a la alcoba, pude observar a mi mujer acostada en el borde de la cama y dando la espalda. Yo no le dí importancia y me acoste al otro borde de la cama, dándole tambien la espalda.
Pero a eso de las 4 de la madrugada, yo sentí que ella me mandaba la mano "allá donde sabemos", y muy alterado le dije:
-¡Cómo asi! ¿no dizque está muy disgustada conmigo?
A lo que me contesto:
-Yo si estoy muy disgustada con usted, pero...¡con ésta prechochura no!

"Majitus" en la farmacia


En mi época de "mozuelo" cuando vivía en Marquetalia Caldas, el dueño de una farmacia -amigo mío- me dejó su negocio para que lo cuidara mientra él hacia una diligencia, cuando regresó me preguntó:
─¿Qué es lo que más has vendido?
 
Yo le respondí:
─Aquel polvo naranja para las hemorroides.
─¡Ay que bestia eres Majitus!...! ¿Que has hecho?... ¡ese polvo es para las hormigas!
─Pues vea mi don -le dije- todo está bien, porque en el frasco dice muy clarito...
“Espolvorear alrededor del hoyo”.

Exámen psicológico


Durante mi visita a un instituto psiquiátrico -para un informe periodístico- le pregunté al director: 
─¿Qué criterio se usa para definir si un paciente debería o no ser internado?
─Bueno, dijo el director, hacemos la prueba siguiente: llenamos completamente una bañera, luego le ofrecemos al paciente una cucharita, una taza y un balde y le pedimos que vacíe la bañera. De la forma como vacíe la bañera, sabemos si hay que internarlo o no.
─Ah, entiendo -le dije- una persona normal usaría el balde porque es más grande que la cucharita y la taza.
─No -dijo el director, "una persona normal sacaría el tapón"..., Usted "Majitus", ¿qué prefiere: una habitación con o sin vista al jardín?

En el seguro social


Al cumplir la edad reglamentaria, me presenté al seguro social a tramitar la pensión por vejez.
La secretaria detrás de la ventanilla me pidió la cédula para verificar mi edad y mi identidad, busqué en todos mis bolsillos, pero finalmente caí en la cuenta que había dejado mi cédula en la casa, le dije a la señorita que lo sentia mucho, que no la tenía en ese momento, que más tarde regresaría.
En eso la oficinista me dijo:
─¡Solo..., desabotónese la camisa!
Le mostré los abundantes pero canosos vellos del pecho y me dijo:
─Esos vellos canosos son prueba suficiente para mi.
Y procesó mi solicitud.
Cuando regresé a casa, muy emocionado le conté a mi esposa lo que había sucedido en el seguro social, entonces ella comentó:
─¡Ah mijo, debió bajarse los pantalones, a lo mejor le daban también pensión por INVALIDEZ!

Mi mejor anécdota


Era la época en que los llamados carteles de la droga de Cali y de Medellín estaban en su terrorífica guerra: los capos de Cali enviaban a sus secuaces a ponerle bombas a Medallo y viceversa.
Cada habitante vivía en permanente zozobra y temía por su vida. Al ver o al escuchar el encendido de un fósforo se suponía que era para prender aquel explosivo y destructor artefacto. El golpear de una puerta y, peor aún, el estallido de una llanta eran motivo para que cualquier persona pensara que le había llegado la hora. Cualquier persona que veíamos en la calle con un paquete, o con una caja, de inmediato sospechábamos que ahí llevaba la tan temida bomba.
Estaba, pues, yo en una de las principales vías de la bella villa de Medellín -la avenida Oriental- esperando el bus de Envigado que me llevaría a mi residencia; mientras el tiempo transcurría, pensaba en la espantosa situación que vivíamos los colombianos. Justo, en ese momento, vi a lo lejos una avalancha de gente que corría desesperada. Yo me llené de pánico y me dije: aquí fue mi hora final.
En medio del susto y frunciendo el cu... ello, como pude, me metí en el tumulto. Angustiado, y a la espera del estallido, arranqué a correr a la velocidad que daban mis temblorosas piernas. Al rato, mama’o y con la lengua afuera, le pregunté a uno de los sudorosos parroquianos que por qué corrían tanto; éste me contesto: “Es que vamos en la Gran Maratón de la Solidaridad por Colombia”.